unos sencillos pasos: una vez que los domines, ni siquiera tendrás que pensar en ellos.
1. Primer uso (5 minutos, solo una vez)
Enjuaga la sartén y sécala. Caliéntala durante 20 segundos a fuego alto. Agrega 2 cucharadas de aceite, cubriendo toda la superficie. Frota unas hojas de lechuga o col sobre la sartén con una espátula. Enjuaga y seca. Lista para usar.
2. Uso diario
Precalienta siempre la sartén antes de añadir aceite (el fuego medio es suficiente). Cuando una gota de agua forme perlas que rueden, estará lista. Vierte el aceite y luego añade la comida. Evita calentar la sartén vacía durante demasiado tiempo.
El truco que marca la diferencia: una vez que la comida esté en la sartén, déjala cocinar sin moverla. Cuando entra en contacto con una superficie caliente, las proteínas se pegarán brevemente, esto es normal. Déjala cocinar. Después de unos momentos, la comida se soltará por sí sola. Es entonces cuando debes darle la vuelta.
3. Después de cocinar
Una pasada rápida con una esponja y un poco de agua tibia. Eso es todo. Apta para lavavajillas. Si aparecen manchas blancas, es normal: un chorrito de vinagre o zumo de limón las hará desaparecer.
Un consejo: los huevos, el pescado y la carne requieren la temperatura adecuada y un poco de paciencia. La guía completa viene con la sartén.